El impacto del discurso público a raíz de los descalificativos vertidos por una
senadora hacia su par Fabiola Campillai, donde sugirió que ocupaba su escaño
por causar “pena” debido a su discapacidad visual, puso en el debate el esfuerzo
que requiere para una persona con discapacidad lograr un puesto de trabajo.

En su columna “Las palabras importan”, la presidenta de Fundación TACAL,
Andrea Zondek señala que este tipo de afirmaciones no solo agreden a una
persona, sino que insultan a más de dos millones de personas con discapacidad
en Chile al reducir sus logros a un gesto de condescendencia y validar el falso
estereotipo de que los espacios se obtienen por lástima y no por mérito.
Agrega que, pese a normativas como la Ley de Inclusión Laboral, la realidad
cotidiana del colectivo sigue marcada por barreras físicas, prejuicios culturales y
fallas de accesibilidad en los ámbitos laboral, educativo y en el acceso a la justicia.
Afirma que el discurso de las autoridades y líderes públicos resulta determinante,
pues al alimentar ideas fundadas en la ignorancia se profundizan los sesgos y se
perpetúa la premisa errónea de que las vidas o capacidades de ciertas personas
valen menos.
En este sentido, una sociedad verdaderamente inclusiva debe edificarse sobre la
base de la igualdad de oportunidades y el reconocimiento de la dignidad de las
personas. La inclusión social no constituye un acto de caridad ni un favor derivado
de la buena voluntad, sino un derecho fundamental que debe ser garantizado sin
espacio para el paternalismo.
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El Mostrador: https://www.elmostrador.cl/agenda-pais/agenda-
inclusiva/2026/08/16/las-palabras-importan/